sábado, 8 de septiembre de 2012

MIRE HOYAS

Microconversaciones con don Ramón del Valle-Inclán.
 
Cárcel Modelo. Galería Cinco.
 


 
 
 
El resol juega a las tres en raya con las rejas de un ventanuco. Don Ramón del Valle-Inclán purga la pena de haber escrito —modernista él— La pipa de Kif. Mire Hoyas, el penal es el único lugar donde los desheredados nos sentimos un tanto al amparo. 



ALWAYS LOOK ON THE BRIGHT SIDE OF DEATH...


ERROR GARRAFAL

A Benitico Rabassa lo mató un autobús urbano a las doce en punto de la noche. Sin apelación posible.

Es curioso, pero en el luminoso amarillento que brillaba en el frontal del vehículo, sobre la cabeza del conductor, aún podía leerse:

«ÚLTIMO SERVICIO»

 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

MI SEÑOR DON QUIJOTE

Notas para el análisis de un fragmento del capítulo LIII de 'El Quijote', donde otrosí se cuestiona la autoría cervantina de la obra y otras cosas dignas de que se cuenten.

(Tranco primero)



Sir Archibald Eiderdown, cuarto duque consorte de Exeter, fue en su juventud un notable diletante a quien el denodado esfuerzo en el estudio acabó por reputar de experto. Su actividad intelectual abarcó campos muy diversos, desde la Literatura Comparada a la Gemología, uno de cuyos más famosos tratados, titulado en edición española Sustancias amorfas. Concepto y limitaciones. Fracturas y exfoliación, compuso en colaboración con el eminente ingeniero rumano Ion Papu, a quien conociera en los salones de la Baronesa de Bacourt. En aquellos magníficos vendredis, donde se reunía una parte especialmente representativa de la intelectualidad europea, Sir Archibald también trabó amistad con Pierre Menard, quien por aquellas fechas se encontraba dando fin a su magnífico capítulo IX del Don Quijote. Fue sin duda la lectura de Menard quien lo empujó al estudio de los apócrifos cervantinos, de los que en poco tiempo llegaría a ser un reputado conocedor.
    Eiderdown comenzó analizando, incluso desmenuzando, diversos fragmentos del citado capítulo, hasta concluir que Cervantes, aun memorando palabra por palabra y punto por punto el texto de Menard, presentaba un estilo mucho menos exacto, pleno, y vigorosamente heroico, e incluso incluía una serie de tonemas especialmente ineficaces que hacían su versión claramente inferior a la de Menard. Sir Archibald ponía por ejemplo el fragmento de Menard en el que éste describe: «Puestas y levantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos y enojados combatientes, no parecía sino que estaban amenazando al cielo, a la tierra y al abismo: tal era el denuedo y continente que tenían». Cervantes, por su parte, respecto al mismo momento de la desaforada batalla entre don Quijote y el gallardo vizcaíno, había escrito, —sin por supuesto alcanzar el enfoque sublime de Menard, y plagiándolo claramente—: «Puestas y levantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos y enojados combatientes, no parecía sino que estaban amenazando al cielo, a la tierra y al abismo: tal era el denuedo y continente que tenían».
 
  

     La conclusión del duque consorte, publicada en un especial dedicado a la literatura caballeresca de la prestigiosa revista Folk and Popularity Sciences —en el que también habían colaborado Henry Sterne y Tristam Fielding, señalando diversos plagios de Cervantes tomados de conocidos escritores españoles de su época— cobró rápidamente fama entre el entusiasmo de expertos y eruditos, algo que no sólo contribuyó a su reconocimiento y popularidad en los círculos literarios, sino que lo decantó definitivamente hacia el estudio del trasunto cervantino.



(Tranco segundo)

 
 
Sterne y Fielding habían sido pioneros en la formulación de una arriesgada teoría en la que se dudaba de la autoría de Cervantes respecto al Ingenioso hidalgo, una tesis que el duque de Exeter llevaría hasta el límite, aportando numerosísimas pruebas, algunas tan concluyentes que lo convertirían en desvelador del oportunismo y la servidumbre de Cervantes. Los autores citados habían señalado evidentes plagios del presunto autor respecto a la novelería caballeresca de su época, copias que aunque no afectaban claramente al aspecto textual, sí lo hacían en referencia a planteamientos, modelos, e incluso a la caracterización de personajes. Cervantes, pues, habría sido demasiado deudor de Garci Rodríguez de Montalvo y su obra Las sergas del muy virtuoso caballero Esplandián, hijo de Amadís de Gaula; de Feliciano da Silva, autor entre otras obras de Amadís de Grecia y Florisel de Niquea; y especialmente de Melchor de Ortega, cuya Primera parte de la grande historia del muy animoso y esforzado príncipe Felixmarte de Hircania, debió conocer durante su estancia vallisoletana, pues esta novela se había publicado en la ciudad castellana a finales de 1556.  


 
     Su ruptura con Menard (los años sin embargo acabarían reconciliándolos) —con toda probabilidad por una cuestión de celos respecto a la condesa Luchdmila Fiodoreva, a quien ambos cortejaban— traspasó los límites de lo amoroso, y Eiderdown abandonó para siempre el estudio del antes dilecto Menard, quien siguió su camino literario hasta alcanzar la enorme fama que le propició el asombroso esfuerzo intelectual de conseguir concluir no sólo el capítulo IX del Ingenioso Hidalgo, sino también el trigésimo octavo, y asimismo un fragmento memorable del XXII.
   
     Sir Archibald acometió por su parte el ingente empeño de descubrir la falsificación cervantina que habían iniciado los críticos ingleses Sterne y Fielding, y en una apasionada y apasionante actitud se embarcó en la revisión de toda la novelística europea del siglo XVI. Libro por libro, sus apuntes señalan —y nos referimos tan sólo a aquellos ejemplares de los que dejó notas y no a todos los que repasó— la lectura de unos catorce mil volúmenes. A medida que se sumergía en el estudio su ánimo se polarizaba entre la impresionante capacidad cervantina para el plagio, y su pesar porque tan eminente inteligencia hubiera decidido llevar a su máxima expresión la copia, sin ser utilizada para el más noble ejercicio de la creación. Pero, en cualquier caso, su admiración por don Miguel de Cervantes no sólo no se aminoraba, sino que crecía a la par que descubría sus fuentes literales. Cervantes, de cualquier manera, habría pasado asimismo a la historia de la literatura aunque tan sólo hubiera sido por su impresionante talento para perpetrar emulaciones, por ser el inevitable e inestimable autor del apócrifo más genial de la Historia.
 
Continuará...

POR CARCELERAS

Hay ciudades tan descabaladas...


tan faltas de verdadera esencia humana y vital; tan prepotentes de su sustrato histórico y capitalino; tan encerradas en sí mismas; tan orgullosas de sus pasados o presentes como desconocedoras de su verdadero futuro; tan estrechas y arracimadas en su núcleo cotidiano; tan carentes de espacios sinceros, y devastadoras de todo lo protegible; tan entre lo aristocrático y lo industrial; tan llenas de cementos y privadas de pardales y picazas; tan experimentales y tan sin experimentar; tan protectoras de sus falsificaciones mientras niegan el nido a sus cigüeñas; tan cínicamente olvidadas de alféreces casaderos y solteronas para vestir santos; tan pretendidamente modernas y siempre sin definir; tan con Calle Mayor; tan hábilmente deslavazadas para impedir que se expliquen a sí mismas; tan pretenciosamente ambigüas; tan poco soñadoras y tan poco creíbles; tan tasadas por aranceles, impuestos y gabelas; tan con reyes y con bufones del siglo XVII; tan entristecidas cuando llega el otoño y abandonadas cuando despuntan los calores; tan farsantes y falsarias; tan obsesionadas con sus limitados grandes parques y boulevares; tan sin verdadera nieve; tan temerosas de saltar ríos y ferrocarriles; tan poco hechas a su racional medida; tan fecundas en aguas fangosas, irreductibles y contaminadas; tan amancebadas con su río y adúlteras con su riachuelo; tan orgullosas de sus escasos personajes de importancia; tan poco deportistas pero —sobre todo— tan poco deportivas; tan vanidosas de su propia vanidad; tan creyentes en su infalibilidad idiomática, exclusivista e irrepetible; tan poco acogedoras y menos hospitalarias; tan melindrosamente cotillas cuando pretenden ser averiguadoras; tan dependientes de los servicios sin haber aprendido a ser serviciales; tan poco iluminadas y tan brillantemente ostentosas; tan amargas y desconocedoras de sus propias limitaciones; tan en promiscuo maridaje con la especulación; tan destructoras de sus tenerías y palacios; tan orgulloso ombligo de un mundo limitado; tan de subir o bajar al centro; tan beatas y tan poco religiosas; tan con patrones y ningún patronazgo; tan televisivamente procesionales; tan sin campanas sonando alegres y convincentes; tan decadentemente conventuales; tan recatadas en sus formas cuanto más promiscuas en la oscuridad; tan llenas de trenes y carentes de verdaderos viajeros; tan pueblerinas pero ansiosas de adquirir la vitola del cosmopolitismo y la universalidad; tan llenas de habladurías y faltas de conversaciones; tan agrias y cerradas a todo lo extraño o extranjero; tan plagadas de estructuras como precarias de solidaridad; tan con apodo y tan sin título; tan central y descabalgadamente presididas por un conde; tan poco discípulas porque sólo se estudian a sí mismas; tan monumentales y —al mismo tiempo— lecorbusieras; tan tradicionalistas más que tradicionales; tan irracionalmente de derechas como inútilmente de izquierdas; tan poseedoras de la verdad absoluta; tan centralistas y tan poco centradas; tan faltas de algún crítico y recelosas de un renovador; tan iluministas, tan inquisitoriales...

 

La magnífica, triste, y demediada, catedral de Valladolid

que no tienen más que media catedral.

ALWAYS LOOK ON THE BRIGHT SIDE OF DEATH...


Historias sonámbulas

'Lo cual que Jazmín'

Sentí mucho no poder acudir a su entierro.


Pero me encontraba muy lejos.
Dándole vueltas, recordé que nunca me había dado un beso.

Pero, claro, las putas nunca besan a los clientes.